Perlas

Aclaración general:
Presentamos en esta sección las “perlas” que hemos ido recolectando de las diversas publicaciones de Aníbal D’angelo Rodríguez. Se trata de algunos párrafos destacados que deberían, sin embargo, ser leídos siempre en contexto, para lo cual damos las referencias bibliográficas correspondientes (siempre según los títulos originales o los dados por nosotros cuando se trata de compilaciones o de “separatas”).
Para cada texto hemos añadido una especie de título para acercar al lector a la idea principal de la cita.

El Buen Combate

“… yo no los hice argentinos ni nacionalistas. Ustedes solitos se metieron en este lío. La mala noticia es que probablemente nunca verán el triunfo de sus ideas. La buena es que, a pesar de eso, están obligados a luchar hasta el último aliento, si quieren salvar sus zarandeadas almas” (Conclusión del prólogo a la inédita obra de Castellani, Perogrullo y compañía).

Las cuatro rupturas de la modernidad.

La modernidad se define por cuatro grandes rupturas, vinculadas entre sí: ruptura con Dios, ruptura con la Naturaleza, ruptura con el pasado y ruptura con los otros hombres. Es la emergencia terrible y colosal, de un hombre prometeico, que se levanta para destronar a Dios y edificarse un reino en la tierra vacío de toda relación con la tradición y con sus congéneres. De allí el ateísmo, de allí el abuso de la naturaleza, de allí la religión democrática y el individualismo salvaje. De allí, en sustancia, su enemistad con el nacionalismo al que considera (como hemos visto lo hace Vargas Llosa) el enemigo total” (El surgimiento del nacionalismo, p. 19).

El Concepto de Nación

Creo que aquí tocamos el núcleo mismo de la Nación. Que puede definirse como una procesión intemporal que navega en el tiempo. Viene de un pasado, de una tradición, va hacia un futuro, hacia un destino. Cada hombre, en ella, no puede ser un orgulloso eón que flota en el espacio, sino el participante de una empresa que ha comenzado antes que él y que lo orienta desde el pasado y lo hace solidario en la conquista del futuro” (El surgimiento del nacionalismo, p. 21)

Nacionales vs. Liberales

Representamos dos mundos que no podrán compatibilizarse jamás. El mundo de los deberes, del religamiento con los otros y con el pasado, por un lado. El mundo de la libertad individual que gira como una rueda enloquecida, por el otro. No hay manera de acercar esos mundos ni componenda que pueda abarcarlos. Ellos lo saben y por eso nos declaran fuera de la humanidad. Nosotros lo sabemos y hemos asumido todos los riesgos y todas las consecuencias. Así Dios nos ayude” (El surgimiento del nacionalismo, p. 22-23).

Revolución industrial, cultural y política.

A principios del siglo XVIII, la revolución cultural del iluminismo puso las bases de un nuevo modo de ver el mundo. El acento pasaba del pasado –tradición– al futuro –progreso–. Del hombre como criatura de Dios al hombre autónomo, sin familia ni Nación, sin ninguna instancia real ni necesaria entre el individuo y la humanidad. A mediados de ese mismo siglo la Revolución Industrial alteraba todas las leyes del juego social y ponía el acento en los egoísmos individuales que construían la abundancia para todos. Y a fines del siglo se producían las revoluciones políticas norteamericana y francesa, que servirían de modelo para los futuros regímenes liberales” (El surgimiento del nacionalismo, p. 26-27).

La religión progresista

El cuento del Estado neutral y laico se evaporó. Los Estados tienen hoy ideología, filosofa y religión: la progresista, de la que luego hablaremos. Y todos los que no creen en ella quedan marginados y excluidos de posiciones de poder” Prólogo a Perogrullo y compañía de Castellani, p. 32).